Producción de Roger Corman, esta es una sencilla (y rápida, apenas 60 minutos) película de serie B, rodada en sobrio y efectivo blanco y negro , protagonizada por el actor William Campbell, un intérprete de aspecto y modos inquietantes que aquí repetía en el género tras haber trabajado en "Dementia 13" bajo la dirección de Francis Ford Coppola. En esencia, la historia no deja de ser una variación del mito del vampiro, con un artista que poseído por el espíritu de un antecesor, necesita alimentarse de la sangre de sus víctimas. Irregular en ritmo, pero con buenos momentos, fue dirigida por dos pupilos de la factoría Corman -Jack Hill & Stephanie Rothman- quienes más adelante seguirían explorando el cine de género, en ocasiones rozando la explotación pura. A pesar de su sencillez, la película resulta bastante disfrutable gracias a su tono macabro y a ciertas secuencias oníricas sugerentes, que le aportan un punto extra de interés a un film, cuando menos, curioso.
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