Memorable adaptación cinematográfica de la célebre e inmortal obra de William Shakespeare, de la mano de un Laurence Olivier que decidió ser actor y director del proyecto (venía del prestigio y el éxito de su anterior debut en Henry V) y que supone, probablemente, si no la mejor, una de las más sólidas y elaboradas versiones. Y no tanto por la esperada e incuestionable calidad actoral de todo el elenco —desde el propio Olivier hasta una joven Jean Simmons como Ofelia—, sino por el trabajo de puesta en escena que realiza un inspirado director. Olivier narra el film prácticamente en su totalidad en interiores, con poquísimos exteriores de estudio, ayudado por un aire claustrofóbico y por la soberbia fotografía en blanco y negro que posee. No disimula, además, el aire Wellesiano del conjunto. condensa partes de la obra obviamente, elimina otras, obteniendo un film de 150 minutos que nunca pierde ritmo e interes, en un triunfo cinematográfico en toda regla con el que Olivier ganó el Oscar a Mejor Película. También obtuvo el Oscar al Mejor Actor ( ganó asimismo los premios a Mejor Dirección Artística en blanco y negro y Mejor Diseño de Vestuario en blanco y negro)



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