Extrañísima e inclasificable película de ciencia ficción de principios de los años 70, de la que tenía un recuerdo bastante negativo y que, sin embargo, ha ganado muchísimos puntos en este segundo y muy satisfactorio visionado. Y es que el film de John Boorman es, probablemente, una obra aquejada de un exceso de pretenciosidad en su discurso, pero al mismo tiempo resulta visualmente atrevida y fascinante. Muy marcada por la estética imperante de la década de los 70, vista hoy se disfruta muchísimo. La trama nos sitúa en un futuro en el que el ser humano ha alcanzado la inmortalidad, aunque para conservarla necesita sostener una gran mentira inspirada en El mago de Oz, permitiendo que una élite de inmortales continúe viviendo a costa de los mortales.Protagonizada por un impagable Sean Connery, que pasa prácticamente toda la película luciendo un taparrabos y una cartuchera cruzada repleta de balas, Zardoz me ha conquistado en este nuevo visionado gracias a su extraordinario experimentalismo visual, a la magnífica fotografía de Geoffrey Unsworth y al atrevimiento con el que aborda muchas de sus ideas. Todo ello hace que sus defectos, que los tiene y no son pocos, queden siempre por debajo de las virtudes de una película que, en muchos momentos, atrapa al espectador y no lo suelta.
.






