
Pastiche cinematográfico que, de haber sido mejor planteado y desarrollado, podría haber dado pie a una película harto curiosa. Sin embargo, entre sus pretensiones y su descaro a la hora de fotocopiar otros títulos, acaba siendo un producto totalmente prefabricado, falto de originalidad y sin ningún interés.Quiere sorprender utilizando una técnica muy vieja: La de juntar dos temáticas aparentemente opuestas, en este caso, por un lado el drama racial musical y, por otro, la película de vampiros, en un combinado indigesto y burdo que toma como referencia dos clásicos del cine como son El color púrpura y Abierto hasta el amanecer. El problema es que no llega ni a la altura del betún de la primera, más allá de la exploración de algunos tópicos (mil vistos y siempre mejor expuestos) sobre la música negra y el racismo; ni tampoco de la segunda (La película de Robert Rodríguez era, sobre todo, un divertimento cachondon y un festín sobre el cine de vampiros)...Que en este engendro-cóctel (que a mí no me funciona de ninguna de las maneras) se explora sin sutilezas ni vergüenza. Aparecen buenas ideas, pero es una pena, porque nunca son bien desarrolladas y algunos elementos de la película tienen su interés ( los enfrentamientos musicales entre el mundo del blues en el interior y la música de raíces europeas irlandesas en el exterior) pero son retazos de algo que pudo ser. Dotada de un metraje larguísimo, con una construcción narrativa muy discutible, probablemente funciona mejor en su planteamiento que en un desenlace falto de brío —y, por qué no decirlo, de humor negro( sic)—, al que además sus pretensiones discursivas acaban hundiendo del todo.