Rodada en un excelente blanco y negro y con un ritmo que no decae, un film muy entretenido que cuenta además con un reivindicable y entregado Victor Mature —nunca entendí la mala fama que tuvo— como un hombre que, tras abandonar el ejército en Alemania, viaja a Inglaterra para reencontrarse con su esposa y trabajar como conductor de camiones. Allí se verá implicado en operaciones de contrabando controladas por un mafioso, interpretado por un excelente Patrick Allen. Sin duda estamos ante un entretenido y muy solvente thriller inglés que recuerda, por un lado, al notable Hell Drivers de Cy Endfield, pero también a El salario del miedo de H. G. Clouzot especialmente en su tramo final, rodado de manera muy notable por ese artesano competente que fue Ken Hughes.

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