Richard Linklater firma una auténtica declaración de amor al cine y, en particular, al espíritu de la Nouvelle Vague, reconstruyendo la gestación y el rodaje de "À bout de souffle", la obra fundacional de Jean-Luc Godard.
Rodada en un elegante blanco y negro, la película recrea con notable precisión el París de comienzos de los sesenta y captura el clima creativo de una generación empeñada en cambiar las reglas del lenguaje cinematográfico. Linklater no evita el academicismo, pero apuesta por una puesta en escena ligera y fluida, capaz de transmitir tanto la efervescencia artística como la precariedad casi improvisada del rodaje.
Más allá del evidente tono reverencial hacia la figura de Godard, el film acierta al mostrar el proceso creativo desde una perspectiva cercana y humana, deteniéndose en las tensiones, hallazgos y accidentes que terminarían definiendo algunos de los momentos más emblemáticos de la película original. El reparto, además, contribuye decisivamente a la credibilidad del conjunto...Si no fue así, tampoco importa, puede que los admiradores más ortodoxos del cineasta francés esperen una aproximación más analítica, más Godardiana o menos complaciente, pero Linklater opta deliberadamente por el entusiasmo cinéfilo. Y lo cierto es que su mirada resulta contagiosa: Pocas veces un homenaje al cine reciente consigue despertar con tanta fuerza las ganas de regresar , volver a ver, a la obra que lo inspira.

No hay comentarios:
Publicar un comentario