
Todo un clásico del cine fantástico europeo con el que Franju se muestra cómodo en una vía mucho más cercana a la poética que al horror (o casi una poética del horror). El ritmo es lento pero no aburrido, a veces hay detalles de crueldad inesperada (la primera operación) e incluso un final que se aleja de lo típico para centrarse en la fabula. Película emblemática, de aire extraño y fascinante -ayuda mucho la escasa pero obsesiva música de Maurice Jarre- que a veces recuerda a Cocteau pero sin los elementos oníricos y sin embargo mantienen en su estilo la claridad del cuento de horror clásico.
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