
Un pueblo maldito, una fantasmagórica niña con una pelota y unos habitantes atemorizados. Sobre esta idea Bava y su equipo de guionistas crearon éste (no me atrevo a clásico, pero si mini-clásico) del cine de terror italiano que empieza de manera irregular -abusa de algún zoom molesto- pero va cogiendo un tono deliciosamente surreal, apoyado por unos suntuosos movimientos de cámara (esos Bavarianos travellings laterales con objetos colocados delante) , un personalísimo uso del color y una atmósfera que en su media hora final está a la altura de lo mejor nunca rodado por el maestro. A veces da la sensación de que aquí más que nunca el director quiso experimentar con la puesta en escena, de jugar con el zoom ya citado como elemento aplicado a la narrativa, equivocándose en alguna ocasión y acertando mayormente. Probablemente la película que marca el punto de bisagra entre la etapa más vistosa y creativa de Bava y el inicio de su declive.
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