Adaptación modélica de la novela de Herman Melville —efectuada por Ray Bradbury y John Huston—, que logró condensar las partes más cinematográficas de la obra y dar forma a un film muy cuidado, respetuoso con el original en papel, pero también dotado de una personalidad propia. La película pivota sobre un reparto ejemplar, con un esforzado Gregory Peck que aquí dio un paso enorme en su evolución actoral: su Ahab, un villano de aspecto lincolniano, está verdaderamente conseguido. Destaca asimismo el elaborado trabajo visual, con la fotografía decolorada de Oswald Morris, para dar como resultado un clásico del cine de aventuras marítimas, vigoroso, pesimista y siempre apasionante, que se sitúa entre lo mejor de la filmografía de Huston.

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