
Una de las cimas de Powell que aquí construye un film de terror, más cerca del thriller psicológico, con un fotógrafo (Karl Boem) obsesionado en filmar la muerte de las personas. Todo un hito cinematográfico que plasma con sotisficación toda una serie de temas tales com el voyeurismo, el fetichismo y la fascinación por la muerte con absoluta firmeza. Una obra maestra, adelantada a su tiempo
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