Estupenda mezcla de thriller y drama social que empieza como la crónica de un pobre hombre (Frank Lovejoy) que, ante la falta de oportunidades para encontrar trabajo, acaba cayendo en la trampa del dinero fácil que le propone un ladrón de tendencias psicóticas (un estupendo Lloyd Bridges), y en las futuras consecuencias de unos actos delictivos que serán cada vez más osados y peligrosos. Muy bien narrada y rodada por Cy Endfield —en la que creo que fue una de sus últimas películas en Estados Unidos antes de ser acusado por el Comité de Actividades Antiestadounidenses de McCarthy—, la película propone además un cambio en su estructura interna para devenir, en su parte final, en un relato con clara similitud a Furia de Fritz Lang, con la que comparte también la mirada hacia la masa manipulada, convertida en un monstruo capaz de devorar todo lo que se ponga por delante, incluido el sentido de la justicia y la moral.
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