Curioso y entretenido peplum, dirigido por un maestro que aquí tuvo que dejar el rodaje a medias y en manos de Mario Bava que acabó de rematar. Como muchas veces en el género, adolece del defecto de un reparto desigual y unos protagonistas pétreos (Steve Reeves no era precisamente un dechado de interpretación), amén de un guion esquemático y poco fluido. Pero todo ello queda sublimado por una puesta en escena elegante, cromáticamente bella (Jacques Tourneur elogiaba a Bava y ambos se entendieron muy bien) y que deja para el recuerdo un producto que se eleva por encima de otros muchos rodados en esos años de furor por el cine de espadas y sandalias.




.webp)
