Película de acción bastante convencional dirigida por Sidney J. Furie, un realizador que vivió sus mejores momentos en las décadas de los 60 y 70. En este caso, Furie se conforma con una producción de serie B, aunque cabe mencionar que fue filmada en su país natal, Canadá, para reducir costos.
Argumentalmente, la película sigue un esquema típico: un policía, con la ayuda de su joven compañera, intenta desmantelar una red de corrupción. No obstante, cuenta con algunos buenos detalles que demuestran que el director aún conserva algo del talento que lo llevó al éxito en sus trabajos anteriores.

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