Sólido film de Stanley Kramer que aborda el tema de la amistad y el racismo desde una perspectiva didáctica muy progresista para la época -hoy la cosa se ve en poco inocentona- pero con unos buenos actores que cumplen (Tony Curtis & Sidney Poitier) encarnado a dos presos ecadenados que huyen del cerco policial. Lo mejor está en su ritmo constante, la puesta en escena concisa y al capacidad de Kramer en dirigir actores y exprimir al máximo secundarios que están realmente muy bien (Lon Chaney Jr, Charles McGraw etc)
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