sábado, 16 de julio de 2011

PANDORA Y EL HOLANDÉS ERRANTE (Pandora And The Flying Dutchman, 1951 -Albert Lewin)


Elegantemente fotografiada por Jack Cardiff, una extraña, poética, interesante -también desmesuradamente larga- película rodada en escenarios naturales de la costa catalana (Tossa de Mar) que pretende ser una tragedia romántica de contenido fantástico. Con un capitán holandés buscando el amor y el sacrificio de una mujer que lo redima (El Drácula de Coppola copiaba el mismo concepto), pero que curiosamente funciona más cuando cae al manejo de los tópicos absurdos sobre España: Gitanos en Tossa, Carreras de coches, fiestas en las ruinas grecoromanas o ese Mario Cabré, pétreo torero obsesionado en demostrar su hombría ante la bella Ava Gardner. Mientras que cuando se acerca al romanticismo acaba siendo bastante aburrida, tal vez por trabajar con demasiados tópicos impostados, excesivamente literarios y por la contención de su puesta en escena (aunque la prestancia de James Mason lo hace más llevadero).

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