Segunda película dirigida por los hermanos Philippou que, por un lado, demuestra que estos dos realizadores saben rodar bien, controlan el género y tienen buen gusto por las atmósferas malsanas… Aunque en este caso no acaban de redondear una película que, en esencia, es una variante argumental de Cementerio de animales (con video ruso de tutorial para ritual de traspaso), aunque afortunadamente va mejorando conforme avanza el metraje hasta llegar a un último tercio especialmente notable; de hecho, lo mejor de la función.
Si en su anterior film abordaban una trama más clara y una propuesta simple y directa, aquí intentan mezclar el terror puro con un subtexto de drama familiar (un poco al estilo Ari Aster), y es ahí donde creo que la película pierde fuerza y se excede en metraje. El film funciona mejor cuando apuesta decididamente por el terror y por los detalles desagradables —tiene un par de momentos muy bestias, como el del cuchillo en la boca o el niño devorando la madera—, pero cuando pretende aleccionar o profundizar en otros elementos, como el retrato de esa familia desestructurada, en mi opinión pierde fuelle. Incluso cosas interesantes quedan desdibujadas o simplemente no se acaban de exponer bien. Se trata de un film siempre interesante pero algo fallido, al que tampoco ayuda un planteamiento inicial poco sorprendente: Su trama, en realidad, es poco original e incluso bastante previsible. Aun así, la ya citada buena labor en el tono malrollero y, especialmente, la soberbia interpretación de Sally Hawkins —esta actriz está brillante siempre en cualquier registro— liman los defectos de un producto ciertamente por encima de la media, aunque tampoco excepcional, del que personalmente me esperaba más.
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