Debut en la dirección del checoslovaco Hugo Haas, en un film que él mismo produjo e interpretó, y que fue un éxito económico gracias al apoyo de Gregory Peck, William Wyler y el productor Harry Cohn. Se trata de una modesta producción de serie B que narra una trama con claros ecos de cine negro. Basado en la novela de 1926 de Josef Kopta, narra la historia de un jefe de estación (Haas) que contrae un matrimonio de conveniencia con una joven (Beverly Michaels) que intrigará para conseguir su dinero... y que tras un accidente queda sordo (o eso cree su joven esposa, que tramará un plan para matarlo). Con esos mimbres, Haas rueda un film muy sólido que para nada parece obra de un debutante; muestra a un cineasta con buenas ideas visuales y que (gracias a su éxito y eficacia) permitió a este actor-director seguir rodando pequeños (y estupendos) melodramas criminales en esa misma década.
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