Segunda película de Irvin Kershner y una producción de serie B muy sencilla pero magníficamente interpretada, con un villano psicótico que acaba camelando a una pareja para que le acompañe en un viaje por carretera. Apreciable y poco conocida, la película contiene buenos momentos de tensión psicológica y ofrece además un retrato de jóvenes marginados y violentos.

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