Simpático blockbuster veraniego, con una trama situada en plena década de los ochenta y una familia —encabezada por unos acertados Anne Hathaway y Ewan McGregor— que descubre, para su horror, cómo su urbanización, de golpe, ha retrocedido hasta la era jurásica. Un exploit dinámico y bien combinado que mezcla Parque Jurásico + The Twilight Zone y que, curiosamente, utiliza el marco de aquellos años, pero no cae en ningún momento en un ejercicio de nostalgia impostada. Siempre apuesta por ser una narración rápida y efectiva, como una serie B con mayor presupuesto, con unos FX resultones y una estupenda BSO de Michael Giacchino.
Su realizador hace, de nuevo, un muy buen trabajo de puesta en escena, demostrando un gran ojo para los encuadres y mucha sapiencia a la hora de crear atmósferas. Tal vez flojea en su resolución, donde el guion apuesta claramente por el happy ending, pero es un film que se disfruta y que, probablemente, sea la mejor apuesta de cine de entretenimiento estadounidense que he visto en mucho tiempo.

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