jueves, 23 de julio de 2026

CIUDADANO KANE (Citizen Kane, 1941 -Orson Welles)

Film mítico , que carga desde hace décadas con el peso de una etiqueta tan prestigiosa como incómoda: la de ser considerada por muchos la mejor película de la historia del cine. Un reconocimiento que, inevitablemente, ha despertado tanta admiración como rechazo entre parte de la cinefilia. Al fin y al cabo, establecer un canon absoluto en un arte tan vasto y diverso siempre resulta una tarea tan discutible como estéril.No me encuentro entre quienes la sitúan, de forma incontestable, en la cima del séptimo arte. Existen decenas, incluso cientos, de películas que podrían aspirar legítimamente a ese lugar. Sin embargo, una cosa es cuestionar la etiqueta y otra muy distinta negar su importancia. Y ahí no cabe discusión: Ciudadano Kane es una obra capital en la evolución del lenguaje cinematográfico. Con apenas veinticinco años, Orson Welles debutó en el largometraje con una audacia difícilmente igualable. La historia del magnate Charles Foster Kane, interpretado por el propio Welles, se articula mediante una compleja estructura de flashbacks que va reconstruyendo, desde múltiples puntos de vista, la personalidad de un hombre tan poderoso como profundamente contradictorio. Más que una simple biografía ficticia, la película compone un fascinante retrato sobre la ambición, el poder, la soledad y la imposibilidad de recuperar la inocencia perdida.Pero si algo convierte a Ciudadano Kane en un clásico imperecedero es la extraordinaria modernidad de su puesta en escena. La profundidad de campo, los movimientos de cámara, el uso expresivo de la iluminación, el montaje y la libertad narrativa conforman un conjunto revolucionario para su época. Es cierto que muchas de sus innovaciones han sido posteriormente asimiladas y superadas por el propio cine, pero eso no resta un ápice de mérito a una obra que redefinió las posibilidades del medio y abrió caminos que aún hoy siguen siendo transitados...Tambien la única ocasión en la que Orson Welles pudo materializar una película exactamente como la imaginaba, con libertad creativa, recursos suficientes y el respaldo necesario de la industria. Finalmente añadir la magistral partitura de Bernard Herrmann, cuya colaboración con Welles marcaría el inicio de una de las carreras más brillantes de la música cinematográfica y un reparto de "nuevos talentos" que se establecerían claramente en la élite actoral de aquellos tiempos.

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