Último film de la saga Expediente Warren, de nuevo dirigido por Michael Chaves. Es, al menos, una entrega que recupera en algo la calidad, tras el flojo tercer título y deja un buen sabor de boca para los aficionados que se engancharon a las aventuras de esta pareja de parapsicólogos que existieron en la América de los años 70. Con tramos algo típicos y tópicos, ciertamente no está a la altura de las dos primeras películas dirigidas por James Wan. Se excede en metraje y añade una subtrama familiar con poco interés, pero sabe mantener el interés y, como digo, logra buenas secuencias de suspense y miedo (la habitación de los espejos, las inquietantes apariciones de los espíritus malignos en la casa), que siempre funcionan mejor cuando muestran y sugieren más, y no tanto cuando recurren a puros golpes de efecto.

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