Film cada vez más valorado y ha envejecido notablemente bien. Muy buena muestra de cine fantástico de los años 90, dirigida por Richard Stanley, quien afrontó su segundo largometraje con la misma fuerza e ímpetu que Hardware. El film cruza con inteligencia la narrativa típica del cine de terror, pero sitúa la historia en un paisaje mucho más desolado y árido, en la frontera entre Sudáfrica y Namibia. Allí, un enigmático personaje (Robert Burke) una especie de diablo en forma terrenal, vaga en busca de almas y víctimas con las que cobrarse tributo. A pesar de tratarse de una producción con recursos limitados, el resultado es visualmente impactante. Se percibe, además, la inclinación de Stanley por los elementos tribales y esotéricos, lo que enriquece la atmósfera de la película.
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