Eficiente y simpático noir de finales de los años cincuenta, dirigido por el reivindicable Edward L. Cahn, y concebido como un vehículo al servicio de la rubia Mamie Van Doren, una especie de imitación “low cost” de Marilyn Monroe.
La trama sigue el intento de robo de un furgón lleno de dinero, en el que las cosas, poco a poco, se irán complicando con la llegada de un exconvicto fugado de la cárcel, (el emblemático Lee Van Cleef) que querrá tomar partido en el golpe. La película demuestra la eficacia artesanal de este director, capaz de bregar con cualquier género y argumento, aunque creo que se le notaba especialmente cómodo en el cine negro, donde —más allá de algunas películas de cine fantástico muy conocidas— probablemente se sentía más a gusto y donde sus trabajos suelen resultar más sólidos y eficaces.

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