
Bodriete que pretendidamente toma el nombre de Lovecraft para construir una trama sobre un mago (Chandú, un despistado Frank Finlay) que tiene en su casa una puerta que conecta con el inframundo. Allí llegarán un grupo de gamberros que acabarán masacrados de diversas formas -alguna muerte es curiosa, otras penosas- y una buena secuencia (la aparición del fantasma de la esposa) Mala, pero no ofende porque no pasa de ser un vulgar film a lo "psychokiller" en el que Piquer trata de internacionalizar el producto en su linea habitual.
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