Mediocre secuela ya rutinaria, que abandona el desmelene humorístico involuntario de la tercera para ofrecernos más de lo mismo, con el cambio de dirección a un J. Lee Thompson en plena efervescencia de subproductos Cannon. Muy aburrida
Una de las cumbres del melodrama de Douglas Sirk en la década de los 50, y una de esas películas de construcción y ejecución prácticamente...
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