
Competente thriller policiaco situado en la fecha de los juicios del caso "Rodney King" (con un Los Angeles convertido casi en un infierno terrenal) al que le falta cuajar algunos de los apuntes que hace sobre la corrupción policial, el racismo y la violencia, rodado con eficacia pero tal vez resuelto con demasiada facilidad. Con todos sus defectos se sigue con interés y está muy beneficiado por la solidad labor de los actores, en especial un Kurt Rusell que brilla en uno de los mejores papeles de su carrera
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